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"Foods that change the world" on display in piazza Carignano
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Cooking without waste: The Fifth Quarter: a treasure trove to discover
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Between Taste and Research: The Projects of Reale Casadonna and the Secrets of the Nordic Food Lab
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Une conversation avec Olivier Krug, le visionnaire du champagne
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Don’t miss the Slow Wine 2013 taste workshop at Salone del Gusto and Terra Madre!
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in collaboration with:
Salone del Gusto - Terra Madre

¡Fuera los tenedores de las forestas!
Foresta significa riqueza: de biodiversidad, de especies animales y vegetales, de recursos, de servicios ecológicos y, como sucede con frecuencia, también de intereses económicos. Cuanto más rica es una foresta, tanto mayor es el interés que suscita y, por tanto, crecen las amenazas hacia su supervivencia.
En primer lugar sería necesario especificar qué es lo que entendemos cuando hablamos de foresta y de deforestación. La deforestación consiste en el porcentaje de cobertura forestal perdida en un año por cada hectárea de superficie. A día de hoy se estima que las forestas ocupan el 31% de las tierras afloradas del planeta, es decir, cerca de 4 millardos de hectáreas, y que en el último decenio se han perdido 13 millones de hectáreas al año.
Seguridad alimentaria: 1.000.000.000 de personas dependen de las forestas
La deforestación es un proceso que provoca fuertes repercusiones sobre los equilibrios del planeta. Uno de los principales efectos negativos es el impacto sobre el clima y sobre el efecto invernadero: además de los árboles, en efecto, se pierde asimismo la capacidad del planeta de interpolar el anhídrido carbónico presente en la atmósfera, lo que contribuye a aumentar la concentración de gas invernadero presente en el aire. Y no hay que olvidar el carbono que las plantas habían fijado durante su vida y que es emitido de nuevo con esta disminución. En definitiva, un doble efecto: por un lado disminuye la capacidad de interpolar el anhídrido carbónico libre presente en el aire, y por otro aumenta la liberación efectiva a causa de la descomposición o de la combustión de la sustancia orgánica. Actualmente se calcula que el volumen de CO2 que se emite cada año a causa de la deforestación contribuye en un 20% a las emisiones de gas de efecto invernadero. Pero las consecuencias de la deforestación son muchas otras, desde la disminución de biodiversidad hasta la pérdida de ecosistemas, desde la amenaza de extinción para las poblaciones indígenas que allí habitan hasta la pérdida de tantos otros recursos que puede ofrecer la foresta (nueces, frutos, vegetales utilizables con fines medicinales o cosméticos, etc.). Baste pensar que según algunas estimaciones cerca de un millardo de personas en todo el mundo dependen directamente de las forestas para su seguridad alimentaria.
Un ejemplo por todas
La foresta amazónica no es el único pulmón verde del planeta (no hay que olvidar las coberturas arbóreas que recubren el África central y el continente asiático), pero su caso puede servir de ejemplo para comprender qué dinámicas impulsan la deforestación y qué intereses giran en torno. La foresta amazónica se extiende por más de 5 millones de kilómetros cuadrados, la mayor parte de ellos en Brasil; a escala planetaria representa la más amplia extensión de foresta tropical, y alberga cerca de un quinto de las reservas mundiales de agua dulce, un décimo de la fauna conocida y más de 40.000 especies vegetales. La deforestación masiva a la que ha sido sometida desde los años setenta (baste considerar que sólo en los últimos cinco años se han perdido más de 45.000 kilómetros cuadrados, una superficie tan grande como la mitad de Portugal), además de las susodichas consecuencias, ha modificado el régimen de lluvias, que paralelamente al aumento global de la temperatura está exponiendo a la región amazónica a un proceso constante de desertización.
Los motivos de la deforestación están vinculados con complejas dinámicas sociales, económicas y alimentarias, ligadas sólo marginalmente a la explotación de la madera como materia prima: el primer responsable, en efecto, es la demanda de tierras a convertir en terrenos agrícolas. A día de hoy Brasil, aparte de ser el segundo productor mundial de soja es igualmente una de las principales cuencas de cría bovina extensiva, dos actividades que requieren amplias superficies. En el futuro, por otra parte, el mercado de la soja y de la carne podría crecer aún, impulsado por el aumento demográfico mundial y el crecimiento del consumo per cápita, incidiendo en el incremento de la necesidad de tierra. Esta dinámica, además, se ve agravada por la cuestión de los biocarburantes, de los que también Brasil es el segundo productor mundial. El problema en este caso reside en el hecho de que el cultivo de caña de azúcar para la producción de bioetanol ocupa tierras agrícolas en otras zonas del país, suplantando cultivos y ganaderías que después han de ser reubicadas: «Cuanto más valor adquieran los productos derivados de la foresta y sus servicios ecológicos, más perderán las tierras desarboladas: es el momento de decidir creando un “derecho internacional de injerencia biológica”, para tutelar la biodiversidad y la existencia misma de los bosques tropicales. En el devenir cotidiano es importante prestar atención porque muchas veces la deforestación se esconde en los alimentos que comemos; con frecuencia, por ejemplo, también en la carne de origen italiano la soja usada para la crianza de los animales proviene de cultivos que han consumido la foresta amazónica a ritmos insostenibles», nos recuerda Edoardo Isnenghi, docente de certificación forestal en la Universidad de la Tuscia de Viterbo.
Gestiones virtuosas
Y sin embargo, es posible gestionar la foresta de manera virtuosa, explotando sus recursos y conservando a su vez la enorme riqueza. No está claro que el mejor objetivo a plantear sea la deforestación cero, es decir, mantener constante la cobertura arbórea por hectárea: de hecho, si las talas se compensan con el plantío de nuevos árboles, la superficie arbórea puede permanecer constante pero se siguem perdiendo la riqueza y la complejidad de los ecosistemas forestales y de los hábitats que se habían formado en la parte de foresta abatida. Se trata de equilibrios ecológicos que necesitan de decenas de años para reconstituirse. Si la reforestación, por tanto, no siempre representa un buen saldo, el objetivo debe ser practicar una gestión sostenible, que se limite a retirar cada año sólo el porcentaje de biomasa forestal que puede recrecer en un año como forma de mantener estable el valor total. Existen los ejemplos de gestión forestal virtuosa, y tampoco faltan los instrumentos para saber si los productos que usamos provienen de forestas gestionadas de manera responsable: uno de ellos es la certificación FSC (Forest Stewardship Council ), que garantiza la procedencia de las materias (papel, madera, etc.) de forestas gestionadas responsablemente.
De deforestación, pérdida de biodiversidad y, sobre todo, de seguridad alimentaria en peligro, se hablará durante la Conferencia Giù le forchette dalle foreste (Fuera los tenedores de las forestas), el jueves 25 a mediodía, moderada por el profesor Isnenghi.






