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Un huerto africano en Turín

Los visitantes del Salone del Gusto y Terra Madre 2012 podrán pasear entre bananas y vetiver, flores de hibisco y árboles de papaya para conocer de cerca el proyecto Mil huertos en África.
Una idea extravagante, un proyecto insensato. Asentar un huerto africano en el gris otoño piamontés. La última página de un libro que ha acompañado a Slow Food en los últimos dos años en cada rincón del continente para realizar Mil huertos en África.
¿Cómo podíamos presentar en el Salone del Gusto y Terra Madre un proyecto tan importante? Ciertamente, no con cartelones, palabras, fotografías. Durante un poco de tiempo aventuramos algunas soluciones: importar contenedores de fruta y verdura africana, exponer mermeladas, jugos, verduras deshidratadas. Y después, la idea, que de inmediato pareció un tanto insensata: asentar un gran huerto africano en Turín. Permitir a los visitantes ver las plantas, caminar a través de ellas. Conocer las variedades de hortalizas de hoja (en África se comen las hojas de las papas, de las calabazas, del amaranto, de la mandioca…), las hierbas medicinales y las plantas útiles para combatir a los insectos nocivos (como el vetiver). Observar de cerca un semillero, la combinación entre dos productos, los sistemas para fertilizar sin sustancias químicas; para irrigar a gota sin equipos costosos pero con métodos antiguos, (como las orzas de terracota horadadas), o nuevos (como las botellas recicladas suspendidas de un hilo); las cercas realizadas sin redes ni cemento, sino con aquello que se encuentra en el huerto: ramas, hojas de palma, bambú, arbustos espinosos.
Un gran huerto didáctico, en definitiva, aparejado en el Oval, en el corazón del área de exposición africana. Un espacio de 400 metros cuadrados de tierra y atravesado por algunos senderos, donde se habrán colocado las plantas, los árboles frutales, el semillero, la compostera … el huerto africano representará a los 25 países involucrados en el proyecto y, por tanto, a ninguno en particular: recogerá productos y técnicas que en la naturaleza no podrían coexistir a causa de las diferentes latitudes y estaciones.
Nacerá gracias al empeño de Alda Garro, que en su granja agrícola de Peveragno (Cuneo), hace meses que siembra y hace crecer las variedades más sorprendentes para tenerlas listas a finales de octubre, y a la colaboración de tres agrónomos: Ezio Giraudo, Francesco Sottile y Cristiana Peano. Sólo por esta vez, bien justificada, para comprender y aprender la riqueza de la biodiversidad de ese extraordinario continente del que todos descendemos.

Extracto de “Un orto Africano a Torino” de Serena Milano, publicado en Slowfood 55

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