En inglés, para indicar el propio origen se dice «I belong...». Yo pertenezco.
Es una buena manera de concebirse a uno mismo, vinculado a un territorio de forma permanente. Algo así como nuestro “soy de...”, aunque nosotros tendamos a interpretarlo más como un complemento de lugar que como una suerte de derecho de propiedad que pueda detentar sobre nosotros el lugar que nos ha visto crecer.
Aún menos derechos tendemos a reconocerles a los territorios respecto a los alimentos que producen, pero sin territorios no habría alimentos. Si los territorios fueran simplemente terrenos, soportes físicos para la producción alimentaria, tendríamos calorías, lípidos, proteinas... Pero el alimento es otra cosa, es la parte comestible de nuestra identidad, de nuestra historia, de nuestro clima, de nuestra biodiversidad, de nuestro modo de distinguirnos de los demás, que es el único modo de conocer a los demás y a nosotros mismos.
La cita de 2010 con el Salone del Gusto y Terra Madre tiene, pues, este leitmotiv, este hilo rojo que conecta entre sí todas las actividades programadas: alimento y territorios, alimento es territorios.
El 2010 es el año internacional de la biodiversidad, que significa también variedad de alimentos y de culturas: por ello, en el Salone del Gusto encontraremos los territorios, que nos guiarán hacia los productos, contándonos los vínculos que los han hecho nacer. Podremos contemplar el panorama conjunto o acercarnos a observar los detalles cercanos, muy cercanos: a menudo vivimos los territorios de modo fragmentado, pero ocasiones como el Salone ayudan a recomponer el cuadro, dando un sentido global a las experiencias.
Sentido entendido como significado y como percepción, dos mitades de un puzzle que en Turín cobra forma: Terra Madre, donde destacan las personas y sus relaciones con los problemas y las ideas de los territorios, y el Salone del Gusto, con los territorios y las producciones de las que proceden esas personas, a las que pertenecen esas personas.